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11/28/2015

"RETORNOS DE LO QUE NO FUE" de RAFAEL ALBERTI



Tú esplendías muy sola. Cuando hablabas
la soledad dormía en tu silencio.
Eras bella y lejana,
inmóvil vela abierta,
muda en el horizonte,
ansiosamente siempre deseada,
sin poder llegar nunca hasta la arena.
Yo te quise, te quise. Pero eras
luz inasible, inalcanzable. Huías
último dulce sol, perdido rastro
 en la raya del mar, dejando sólo
su silencio en lo oscuro.
Yo amaba su silencio,
aquel visible arcano de palabras no dichas,
tus ojos largos, hondos sin miradas,
los pulsos encendidos de tu sangre,
todo lo que ocultaba tu belleza,
van delicada y triste,
ilusión que no pudo hablarme nunca.
Retorna ahora, vuelve
desde tanta distancia,
vuelve y dime por fin lo que nunca dijiste,
lo que tal vez tan sólo era solo silencio.

                                                             Rafael Alberti

"AMARANTA" de RAFAEL ALBERTI




Rubios, pulidos senos de Amaranta,
por una lengua de lebrel limados
pórticos de limones desviados
por el canal que asciende a tu garganta.

Rojo, un puente de rizos se adelanta
e incendia tus marfiles ondulados.
Muerde, heridor, tus dientes desangrados,
y corvo, en vilo, al viento te levanta.

La soledad, dormida en la espesura
calza su pie de céfiro y desciende
del olmo alto al mar de la llanura.

Su cuerpo en sombra, oscuro, se le enciende,
y gladiadora, como un ascua impura
entre Amaranta y su amador se tiende.

SOBRE LOS ÁNGELES - (1929) de RAFAEL ALBERTI – (Selección)


***

EL ÁNGEL DESCONOCIDO

Yo era…
Miradme.
Vestido como en el mundo,
Ya no se me ven las alas.
Nadie sabe como fui.
No me conocen.
Por las calles, ¿Quién se acuerda?
Zapatos son mis sandalias.
Mi túnica, pantalones
Y chaqueta inglesa.
Dime quien soy.
Y sin embargo, yo era…
Miradme.


***

LOS ÁNGELES MUDOS

Inmóviles, clavadas, mudas mujeres de los zaguanes
y hombres sin voz, lentos, de las bodegas,
quieren, quisieran, querrían preguntarme:
- ¿Cómo tú por aquí y en otra parte?

Querrían hombres, mujeres, mudos, tocarme,
saber si mi sombra, si mi cuerpo andan sin alma
por otras calles.
Quisieran decirme:
- Si eres tú, párate.

Hombres, mujeres, quieren, querrían ver claro,
asomarse a mi alma,
acercarle una cerilla
por ver si es la misma.
Quieren, quisieran...
- Habla

Y van a morirse, mudos,
sin saber nada.


***

EL ALMA EN PENA

Ese alma en pena, sola,
ese alma en pena siempre perseguida
por un resplandor muerto.
Por un muerto.
Cerrojos, llaves, puertas
saltan a deshora
y cortinas heladas en la noche se alargan,
se estiran,
se incendian,
se prolongan.
Te conozco,
te recuerdo,
bujía inerte, lívido halo, nimbo difunto,
te conozco aunque ataques diluido en el viento.
Párpados desvelados
vienen a tierra.
Sísmicos latigazos tumban sueños,
terremotos derriban las estrellas.
Catástrofes celestes tiran al mundo escombros,
alas rotas, laúdes, cuerdas de arpas,
restos de ángeles.
No hay entrada en el cielo para nadie.
En pena, siempre en pena,
alma perseguida.
A contraluz siempre,
nunca alcanzada, sola,
alma sola.
Aves contra barcos,
hombres contra rosas,
las perdidas batallas en los trigos,
la explosión de la sangre en las olas.
Y el fuego.
El fuego muerto,
el resplandor sin vida,
siempre vigilante en la sombra.
Alma en pena:
el resplandor sin vida,
tu derrota.



***